Caminata

Ese día lo pensé poco, porque las decisiones drásticas, que no las importantes, se meditan así. Caminé alejándome de lo que me era conocido, como buscando, sin buscarlo, estar en un lugar nuevo. En un mundo desconocido con rostros distintos, pero no tuve suerte, los mismos rostros se repiten una y otra vez a lo largo de la vida.

En algún sitio y en alguna hora que desconozco, estuve solo. Solo por completo. No había ruido ni movimiento. No había gestos ni pasos. Estuve solo como nunca y sentí paz y luego sentí encierro.

Encerrado entre esquinas, entre calles y entre la nada, quise moverme, abandonar el sitio, pero no pude. Sentí que mis pies se movían pero mi vista era la misma. Las cosas no se acercaban ni se alejaban, como cuando se camina en una banda sin fin.

Tampoco sentí cansancio.

Daba lo mismo estar de pie que caminando, así que decidí caminar.

Una vez escuché a una anciana decir que lo terrorífico de la muerte es que ésta es la repetición infinita de lo que uno hizo en el último instante de vida.

¡Maldita sea! Con tantas opciones en la vida, a mí se me ocurrió salir a caminar por un lugar sin recuerdos.

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